sábado, 20 de octubre de 2012

Al final todo vuelve a empezar.

Otra vez me vuelvo a sentar en la misma silla donde un día dejé de escribir, donde agaché mil veces la cabeza por no saber que decir ni siquiera escribiendo, donde todos mis pensamientos se quedaron estancados al igual que yo. Lo abandoné, me abandoné, tal vez un día me perdí tanto que hasta ahora no he sabido encontrarme. Sea lo que sea, el tiempo ha pasado tan rápido que apenas me he dado cuenta de todo lo que he cambiado a lo largo de estos meses. Recuerdo bien aunque con desprecio la última vez que me senté a escribir aquí, al pensar que esas palabras no se merecían ni una sola letra. Recuerdo que tenía las manos frías, todo dentro de mi estaba congelado, por un momento creí que el tiempo se había detenido desde hace años al estar escribiendo todo aquello. Pero ahora, después de dos años, me vuelvo a encontrar aquí, distinto motivo, distintos pensamientos, distinto destino.
Dicen que si se cierra un puerta, otra se abre, que cuando dejas de buscar, aparece lo que tanto estabas esperando, que el destino tiene mil cosas que darte, y otras mil que quitarte, pero que nunca te dejará sin nada. 
Y aquí estoy de nuevo, mi puerta está entreabierta, aunque aún hace un poco de viento y no sabe bien hacía donde moverse, si abrirse del todo, o cerrarse para siempre. Sabe que no debe quedarse a la mitad, por que de ser así, nunca podría entrar, ni salir nadie. Es de esas puertas antiguas, de las que dan miedo al principio, de las que no es fácil entrar, una de esas desgastadas con el paso del tiempo, casi rota por los golpes que ha tenido que soportar, a veces se le cae la pintura, a veces ni siquiera se movió un sólo centímetro de donde estaba por mucho que quisieran entrar. Es una puerta fuerte, dura, de apariencia a prueba de balas, de esas que por más que intentes entrar no conseguirías ni siquiera llegar a tocarla. 
Pero aunque esté desgastada, rota, casi sin pintura y tenga esa apariencia que pocos se atreverían a tocar... También es capaz de abrirse, también es capaz de enseñar todo lo que hay detrás de ella, por que aunque tenga esa fachada, esconde muchas cosas dentro. 
Esa puerta sólo está esperando a que llegue la llave que pueda abrirla, sin forcejeo, sin golpes, sin romperla, sin quitarle más pintura... Esa puerta, mi puerta, sólo espera que vuelvan a restaurarla, a pintarla, a cuidarla, a que pueda abrirse sin miedo, a que pueda creer que un día el viento no volverá a destrozarla por completo. 
Mi llave, tiene que ser de esas que sólo abren una puerta, no una llave maestra, por que mi puerta es única, mi llave sólo puede abrir mi cerradura, por que todo lo que esconde detrás no lo tiene cualquiera. 
Hace poco tiempo me encontré una llave, de esas pequeñas, de las que pensarías que sólo abrirían un buzón o algo así. Yo también lo pensé, además de ser pequeña, era delicada, una llave que si la tocabas rápido, quizás podría romperse, o incluso podrías perderla entre las manos. Pensé, ''ésta llave es pequeña, nunca podrá abrir mi puerta'' pero con el paso de los días, me tenía más y más intrigada, la miraba cómo si tal vez pudiese encajar ahí. 
Un día miré la puerta, pensando en que tal cerradura no podría cambiarse para ponerse una más pequeña, donde quizás entrara esa llave. Conforme pasa el tiempo, cada vez que las miro a las dos, no sé si la cerradura se está haciendo más pequeña, o es la llave la que se está poniendo a la altura de la cerradura.

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